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Manuel Ruiz Hernández recibe el premio Nombre de Rioja

«El tempero es llegar a cada hogar riojano en humildes publicaciones cotidianas»

Manuel Ruiz Hernández
Fuente: nuevecuatrouno, 24 noviembre, 2021

Manuel Ruiz Hernández (Madrid, 27 de octubre de 1934) ha recibido este miércoles el premio Nombre de Rioja que ha otorgado NueveCuatroUno en los I Premios Diario de Vendimia. Alguien dijo una vez que la experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado con fruto.



Algo que ha puesto en práctica este ingeniero agrícola y enólogo, quien ha investigado durante 44 años en la Estación Enológica de Haro. Reconocido como una de las voces más expertas del sector, nunca deja de formarse en materia de vitivinicultura. Habla y escribe de vino y viñedo sin tapujos, siempre atento a la última hora de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja y vaticinando su futuro. Sus ojos han visto muchas tendencias, normas y conflictos hasta llegar a estos días.

Y lo que le otorga mayor valor es que todo ese aprendizaje adquirido lo traslada a productores y elaboradores, quienes cada día construyen esta Denominación. Medalla de Oro de La Rioja, Medalla de Oro de la Asociación Española de Enólogos, Premio del Centro Riojano de Madrid… y ahora, también Nombre de Rioja en los primeros Premios de Diario de Vendimia.

El propio Ruiz Hernández ha explicado sobre el escenario del Palacio de Congresos Riojaforum que, a lo largo de más de sesenta años, ha publicado unos 700 artículos técnicos vitivinícolas. Muchos años, a razón de ocho o diez por año, pero en 2006 fueron dieciséis. «Es sabido que el 2006 fue de bonanza económica, pero mis trabajos eran fruto de la imaginación, sin presupuesto ni gasto. ¿Por qué la bonanza influyó en mí? La respuesta es difícil. Acaso sea que la investigación no sigue el desarrollo. Al contrario, la investigación es, normalmente, un lujo consecuencia del Desarrollo».



Abrumado con esa idea que no hacía de su voluntad protagonista, sino consecuencia, desarrolló algo de pesimismo. Hasta que lo vio claro. «El año 2006 fue fecundo para mí por haber atravesado un ‘desierto’ desde 1960 sin haber claudicado, a pesar de las dificultades». Había creado tempero intelectual para él y para las personas de viña y bodega de Rioja.

«Hoy premiáis aquí el tempero, que significa no crear currículum en revistas técnicas lejanas sino en llegar a cada hogar riojano en humildes publicaciones cotidianas. Un simple empujoncito diario», ha explicado. «A todos los que se dedican a la enseñanza, les animo a que intensifiquen la enseñanza en las épocas duras, porque subirán como la espuma en los momentos buenos. Hay que partir de un altiplano para posteriormente, volver a escalar. Si partimos desde el valle o desde la playa, más difícil», ha valorado.

«Yo como técnico tendría que contribuir al vino y a la familia vitivinícola, se lo agradezco a mi mujer y a mis hijos que me soportan», ha terminado.

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